CERÁMICA Y ALFARERÍA

 Ponencia presentada por:

Alberto Díaz de Cossío

CERÁMICA Y ALFARERÍA
Primer Encuentro Internacional de Patrimonio, Desarrollo y Turismo.
Ciudades Pequeñas Patrimonio Grande.
Ciudad de Chihuahua, México. 
21, 22, 23 de septiembre 2001.

Gracias a que los cambios tardan en llegar a los sitios pequeños, tenemos todavía en nuestro país este gran mosaico de producciones artesanales.
Cuando se me pide que participe en esta reunión, llega a la memoria una recopilación de pensamientos, ahora que repaso la lectura de la pequeña colección de artículos escritos por mí, casi todos ellos relacionados con mi campo, la cerámica.
1.  - Me falta y creo que debo escribir sobre otros temas más técnicos, digamos hornos, esmaltes, plomo en la cerámica mexicana, tipos diferentes de decoración que se producen en el país, etc., además de que pienso importante también el saber sobre los mercados de alfarería popular, sus tradiciones y sus tabúes.
2.  – Asimismo, tratar de dar mis puntos de vista y posibles argumentos técnicos para mejorar el taller cerámico-alfarero, al igual que otras técnicas artesanales.
3.  - Y lo más importante, que el alfarero ceramista mexicano, ó cualquier otro artesano, mejore su nivel de vida, aumentando su nivel de conocimiento en la búsqueda de un futuro mejor, manejando ese conocimiento él mismo y discriminando lo que le convenga o no.
4.  Dicho de otra manera, lo esencial es proporcionar información y hacer que ésta llegue a las personas que la necesitan.

Las técnicas son universales, se aprenden de diversas maneras, una de ellas, estudiándolas, para lo cual tenemos que recurrir a las fuentes, maestros y libros; otra es la manera tradicional, en la que se aprende por “ósmosis”, por la experiencia transmitida de generación en generación. En el primer caso, es importante que exista el deseo de que esto suceda y la escuela debiese, en cada lugar, tener la posibilidad de enseñar tradiciones e información respecto a qué se usa en cada zona y cómo se hacen cosas similares en otros lugares, para que el artesano pueda usar su libre albedrío y definir que es lo que quiere y cómo conseguirlo.
En los casos que manejo, considerando en forma integral las distintas técnicas y su fecha de ingreso y primera aplicación en México, me doy cuenta que los cambios determinantes e importantes en la cerámica que produce nuestro país se dan pocas veces y con mucho tiempo entre una y otra innovación.

Veamos este pequeño esquema:
En época prehispánica. Antes de 1521:
Quema de bajo fuego, natural, bruñida, engobada o decorada con tintas de óxidos de otros colores, con resultados que a todos nos dejan perplejos por su belleza y maestría. Claro es que en esta clase de cerámica se encuentra una gran cantidad de variantes, teniendo en común la temperatura y el tipo de quema. Cielo abierto u hornos incipientes, cuadrados o cilíndricos. Hasta el día de hoy en este país se sigue produciendo en muchos lugares, a saber: Mata

Ortiz, Chihuahua; Coyotepec, Oaxaca; Tonalá, Jalisco y otros, todos ellos comunidades pequeñas con un tremendo arrastre cultural, en algunos casos con tradiciones recuperadas por personas ya no de origen indígena, más bien mestizos y criollos que, reencontrando en esta técnica un modus operandi, logran excelentes hechuras. Precisamente este es el caso de Mata Ortiz, que acabo de mencionar, o de otro lugar lejano que también mencioné, Coyotepec, Oaxaca, donde una comunidad completa produce cerámica negra y bruñida de buena factura, que hoy día tiene gran demanda y por desgracia no logra, más que en algunos casos especiales, buenos precios por su mercancía. En el caso de Tonalá, Jalisco, pegadita a la ciudad de Guadalajara, nos encontramos que es cuna de extraordinarios alfareros de todas las técnicas prehispánicas e incluso un gran precursor de otras técnicas, tales como los vidriados con base en plomo; también fueron de los introductores, pero eso hasta muy recientemente, de la cerámica de alta temperatura, nueva en nuestro país pero antiquísima en el Oriente.

Época posterior a la conquista. De 1521 en adelante:
Además de las técnicas mencionadas anteriormente, hornos con hogares mayores y en algunos casos con bóvedas; esmaltes o vidriados con base en plomo (un ejemplo de esto es la cerámica del Estado de Michoacán, con sus juegos de vidriados verdes o transparentes, contrastados mediante engobes con base en caolines naturales. La técnica Mayólica, también con base en plomo, a la que se agrega óxido de estaño en cantidades de 10% ó un poco mayores para tornar el vidriado en lechoso blanco y colores sobre o bajo barniz con base en óxidos metálicos, tales como el de cobre, manganeso, cobalto u otros, con sus variantes poblanas, oaxaqueñas, guanajuatenses y jaliscienses, así como los engobes bajo barniz, que se usaron mucho para dar fondos claros o de contraste en las alfarerías de los mismos estados antes mencionados, todos ellos con gran influencia hispana.
La cerámica artesanal de alto fuego nos llega a algunos de los alfareros tradicionales después de 1960, con hornos de más temperatura, mejores quemadores y búsqueda de nuevos esmaltes sin plomo. Esta técnica ya era usada en el Oriente desde hacia más de 2000 años, causando la envidia de los que la conocían.
Cuando me doy cuenta de los pocos cambios técnicos a lo largo de estos últimos 500 años, yo, por lo menos, me asusto un poco. ¿Qué pasó? Si fue bueno ó malo, no lo sé; el “qué hubiese pasado si...” no existe.
Olvidamos a los artesanos, nos olvidaron ellos, no hubo comunicación, nos desarrollamos sin saber cómo, o sabiendo se cometieron crímenes de lesa información. Cada vez que voy a dar algún curso en donde se piden resultados inmediatos, siempre discuto que en este campo; los cambios debiesen ser muy cuidadosos, no sólo caer en las demandas del mercado, porque luego las “panaceas”, esas soluciones momentáneas e ideales al cabo de poco tiempo, con frecuencia se revierten contra el artesano. Esto ha pasado, por ejemplo, en el caso de la mayólica de Dolores Hidalgo, Guanajuato, que en la masividad de su producción ha perdido muchísima de su calidad o no la ha buscado, teniendo precios de vergüenza para la cantidad de trabajo, descuidado, es cierto, pero que allí está.
Haciendo un pequeño paréntesis, en el Japón desde hace bastante tiempo dejaron sus hornos de recámaras ó Noborigama en la mayor parte de los talleres, que son muchísimos, para cambiarlos por hornos eficientes de gas, en las enseñarlos a los turistas, y usándolos también en el campo, quemando con cantidades tremendas de leña pero sin perder bosques, que los cuidan y resiembran y los tienen a montones. Algo similar es lo que poco a poco pasó con Santa Clara del Cobre, aquí en México, donde muchos de los artesanos utilizan ahora un martillo industrial automatizado, lámina y tubo de cobre, relegando la práctica de aquel grupo de martilleros humanos que, sincronizados, hacían su bella flor de movimiento y sonido rítmico, sólo para las fotos de los visitantes.
La mayor parte de los hornos de cielo abierto en México son disparejos e ineficientes. No obstante, por los muchos años de experiencia, los artesanos los usan relativamente bien. El calentamiento se produce de manera muy rápida y el enfriamiento en algunos casos es inmediato, sacando las piezas del horno rápidamente, antes de que se enfríe el vidriado, para que éstas no se peguen. Si el lector se fija en el mercado donde venden cazuelas, verá que en la mayor parte de los bordes de las cazuelas existen peladuras o raspaduras que se deben a esa colocación en el horno, unas junto a otras, amontonadas, unidas por esos puntos de apoyo donde se lastimó el esmalte. En todas mis visitas a lugares, sólo en Patámban, Michoacán, la carga de los hornos se hace con el cuidado y cariño suficientes, tratando que las piezas no se toquen entre sí. El resultado, como es de esperar, es que el terminado y la calidad son superiores.
Querer arreglar estos hornos puede parecer muy loable en aras de conservar las tradiciones y la manera de hacer las cosas; sin embargo, tendríamos como resultado unos híbridos que no reunirían las cualidades de un horno confiable. Otro defecto enorme en nuestro qué hacer alfarero es el de querer inventar cosas ya inventadas, tales como diseños de hornos. No digo que no se diseñen, pero sí que se lea al respecto y se logre una adaptación más informada, que de eso la historia nos dice mucho y este rubro está muy bien documentado; en el caso de los vidriados, existen ya centros de investigación muy informados que pueden servir de principio para desarrollar nuestros propios centros de investigación sin necesidad de empezar de cero. Lo que sí no se puede ni se vale es no tratar de crear centros de investigación en serio, con buenos presupuestos e investigadores capacitados ya sea en la UNAM ó en la UAM, donde de alguna manera ya se está haciendo algo.
Acabo de leer en el periódico que la institución encargada de eliminar el plomo de la loza artesanal mexicana no cree en el daño que este producto, el plomo, cause en la salud de nuestros artesanos. El envenenamiento por plomo se conoce desde hace mucho tiempo y está muy bien documentado desde, por lo menos, principios del siglo XX en Inglaterra, por los casos de intoxicación que ellos tuvieron en Stoke on Trent. Los productores de Minio o Litargirio (dos estados del plomo) en nuestro país son pocos y están hoy día muy vigilados por la contaminación que producen en su entorno. ¿Qué no sería fácil el prohibir la venta de estos productos a los alfareros? Estoy seguro que, en ese caso, existirían soluciones locales o industriales en grandes cantidades para sustituir el vidriado. Hoy, en el mercado local, se encuentran por lo menos cuatro fritas para estos fines, que funcionan a baja temperatura, inferior a 1,000ºC; a mí en lo personal me gustaría subirla un poco, a no más de 1,050ºC. Existe, por desconocimiento y falta de información, el hecho de que materiales estupendos se empleen de manera deficiente ó ineficaz. En Santa María Atzompa, Oaxaca, por ejemplo, lugar extraordinario de producción alfarera vidriada con mucha tradición, el material que ellos usan aguanta muy bien alta temperatura y se podría diversificar la producción para fabricar pisos de gres y permitir que la producción de las piezas tradicionales fuese mejor pagada, por haber menos alfareros haciéndola. Es triste ver cómo tratan a los artesanos cuando llegan al mercado, siempre les discuten sobre el precio a la baja, con argumentos de que tienen mucha producción igual y comprada a mejor precio.
Resumiendo, en estos muchos años de recorrer el país se da uno cuenta que el trabajo artesanal, sea cual sea, está mal pagado; que con la excusa del respeto a las tradiciones, se tiene olvidado el proporcionar a los artesanos sugerencias y enseñanzas, dotándolos de fuentes de información confiables, ya que siempre hay otras fuentes que llegan por caminos que pueden ser equivocados y que pueden ser interpretadas y aplicadas sin crítica o discusión. Creo que es mejor multiplicar las fuentes de información y ayudar a pensar en qué soluciones son las adecuadas para cada caso.
Imaginen una localidad alfarera de 100 talleres que producen cosas similares, cuya población crece año con año. La capacidad de aceptar nuevos artesanos o más talleres tiene su límite, sobre todo si los precios empiezan a bajar y bajar.
El esquema que yo pienso podría ser mejor:
Los jóvenes aprenderían el oficio pero trabajarían en otros objetos de cerámica, como macetas, pisos y azulejos, botellas y un sinfín de cosas posibles, incluso cambiando temperaturas y vidriados. Para lograr esto es importante el aprendizaje y no la copia de otras técnicas, y que existan al alcance de los artesanos las fuentes de información adecuadas para adquirir estos conocimientos.
Para finalizar diré que desde 1960 que empiezo con la cerámica de alta temperatura y durante los años 70 con la introducción de esta técnica en sitios alfareros tradicionales, algo se ha logrado.
Existen en México un poco más de 200 mil ceramistas. Muchos, más de la mitad, no usan vidriados, conservando técnicas muy antiguas y poca temperatura. Un grupo pequeño trabaja en temperaturas mayores a los 1,100ºC y el resto en temperaturas entre los 900 y los 1099ºC. La calidad no tiene nada que ver con las temperaturas, el objeto es lo importante. Lo mismo existen maravillas en baja como esperpentos en alta, ó a la inversa.
Confieso que me falta disciplina para escribir ordenadamente; trataré en hacerlo insistiendo en temas técnicos.
Tzintzuntzan, Mich.; Patamban, Mich.; Tonalá, Jal.; Atzompa, Oax.; Coyotepec, Oax. ; Amatenango, Chia.; San Felipe del progreso, Edo. De Méx.; Ameyaltepec, Gro. ¿Qué tienen de importancia para nosotros estos lugares? (A propósito, no menciono Mata Ortiz, ya que ésta cae dentro de otra denominación, la de rescate de una tradición ya desaparecida por lo menos en nuestro país.) Todos ellos y muchos más son lugares pequeños, arrastrando su tremenda tradición y sobreviviendo de ella. Todos ellos nos dan la imagen de lo que somos, fuimos y queremos conservar. En el mundo no nos conocen por nuestros automóviles, ni por nueras hamburguesas, ni tampoco porque fabriquemos aviones supersónicos. Nosotros somos del primer mundo en otras cosas como el hacer artesanal, como en nuestra gran y variada cocina. En eso se nos respeta y se nos conoce en todo el mundo. Cuando viajamos al extranjero, no llevamos de regalo ropa Ives Saint Laurent o perfumes Channel; aunque vivamos en Las Lomas o el Pedregal regalaremos, o por lo menos eso creo yo, alguna pieza de artesanía mexicana, muy cara o no, según nuestras posibilidades. ¿Si esto es lo que nos da carácter, entonces por qué lo tenemos tan abandonado? No a los productos pero sí a los productores. Nuestros libros hablan de lo maravillosas que son nuestras artesanías pero casi nadie habla de los artesanos. Si vemos las condiciones en las que viven algunos, nos sorprenderíamos de cómo se sobrevive de los avatares de su comercialización, del poco caso de las autoridades al sector... La Tarahumara y sus Raramuris, con sus productos que hoy causan curiosidad a los viajeros; a todos les gustan los tambores con su hilo vibrador, pero siempre regateamos y luego presumimos de cómo lo adquirimos tan barato, sin cuestionarnos qué implica el hacer un tambor, cuánto se tarda, o cómo se hace una olla tesgüinera, no sólo su primitivismo, si no ver el grado de dificultad para que, con medios casi inexistentes, surja esa olla. Todo mundo en Latinoamérica piensa que sus artesanos son o deben de ser pobres, o por lo menos así los percibe la mayor parte de las personas “pudientes”. Alguna vez escuché a alguien decir: “ése no es un artesano popular, es rico.”
Ese razonamiento de que no se puede vivir de manera decorosa de la artesanía, que al crecer en este país lo tenía yo, se vino abajo después de una visita al Japón:
1.- Los grandes consumidores de los productos artesanales en ese país son los Japoneses mismos, que aprecian y valoran el trabajo y maestría involucrados.
2.- El pago, o mejor dicho el cobro de estos productos, es elevado, casi inalcanzable para nosotros.
3.- Exportan artesanías industrializadas en gran volumen, a precios de mercado internacional. A veces son muy parecidas a las originales.
4.- Por último, los artesanos tienen un nivel de vida elevado, muy parecido al del resto de los habitantes de ese país.
Creo que el problema en nuestras tierras es de origen. Por tanto, y para terminar, incluiré algo que pensé sobre la denominación de origen:
“Dejémos de hacer Tonteras.”
Amigos ceramistas, funcionarios metidos en la denominación de origen.
Norma Mexicana de la Talavera.
Hace unos años, con el pretexto de que mejorarían las técnicas y se respetarían las tradiciones, se gestionó y se consiguió la norma oficial de la “Talavera Poblana.” Hoy día publicada, se supone que deberá cumplirse con ésta al pie de la letra.
En rigor, esta norma dice que sólo se podrá llamar Talavera Poblana a aquella cerámica elaborada de estricta conformidad con patrones y cánones técnicos y decorativos fraguados en la España del siglo XVII.
Ni la Santa Inquisición se preocupó tanto por distinciones de este tipo; ni siquiera los grandes conservadores y estudiosos de las tradiciones le llamaron Talavera a la loza blanca y amarilla de Puebla, heredera de una tradición hispano-árabe que nos llegó con la conquista desde Talavera de la Reina y otros sitios. Desde el otro lado del Atlántico vino a estas tierras la técnica antes mencionada, que hoy correctamente llamamos MAYOLICA, y que floreció en Europa durante los 800 años de invasión ára introductores en los alfares, primero de España y posteriormente del resto de Europa, de esta técnica maravillosa que los europeos a su vez trajeron a México y a la cual hoy le ponemos límites y trabas.
El pequeño listado de lugares donde esta técnica Mayólica ó Fayenza fue introducida por la influencia árabe en Europa es el siguiente:

En España -
Talavera de la Reina, Puente del Arzobispo, Manises, Valencia, Teruel, Sevilla.
En Italia -
Paterna, Verona, Venecia, Ravena, Faenza, Firenze, Montelupo, Cafaggiolo, Siena, Pesaro y Urbino, Roma, Napoli.
En Francia -
Montpellier, Nîmes, Lyon, Rouen.
En Países Bajos -
Harlem y Anvers.
En Inglaterra -
London, Bristol y Brixen.

Sólo menciono algunos lugares, aunque poco después hubo otros, conforme la técnica se conoció y adoptó en el resto del continente europeo. Pero en todos lados por igual elaboraron lo que se conoce como Mayólica o loza de vidriado base fondo blanco, que es lo importante de este desarrollo. Europa veía cómo la cerámica oriental llegaba de manera escasa a sus países y que los precios se elevaban de manera bestial. El desarrollo obtenido gracias a la invasión árabe les enseñó el manejo del esmalte de vidriado blanco ó estannífero (que se empezó a usar en Mesopotamia en el siglo IX, intentando imitar la porcelana) para crear una buena base con el fin de poder pintar y decorar sobre un esmalte de fondo. Esto ocasionó una verdadera revolución. Al principio los motivos eran totalmente árabes, al estilo mudéjar, que era el nombre dado a los musulmanes que vivían en España y, poco a poco, se empezaron a lograr ideas propias. Algunos se atrevieron incluso a reproducir con éxito copias de piezas del cercano y lejano oriente y a crear dibujos cada vez más elaborados sobre el nuevo fondo blanco. Tanto, que hoy día existe un museo en Japón cuyo propósito es enseñar cómo Europa copió de forma descarada sus piezas, en principio en mayólica y, con el tiempo, gracias a la práctica y experimentación, cómo llegó a hacer porcelanas desarrolladas en Meissen, Alemania, y luego recreadas por todo el continente, casi 1000 años después de que en China se manejara la cerámica de alta temperatura y unos 400 de que se conociera la porcelana china de Chin Ta Chen, con su montaña de Kao-ling de donde se deriva esa fantástica tecnología.
Pregunto qué pasa en México. Por un lado queremos avanzar, pero por otro se nos impone un freno para quedarnos en el siglo XVII. ¿Qué pasa con los talleres que usan esmaltes industriales de buena calidad y que abundan en Puebla, que decoran con el estilo heredado por ese estado, qué pasa con los dos talleres que producen cerámica de alta temperatura y que también usan esos motivos pero con cerámica mucho más resistente, aunque con menos años de rancio abolengo, por lo menos en nuestro país?
Con qué derecho nos adjudicamos el nombre de una población de España y con qué derecho prohibimos que usen la técnica alfareros de otras regiones. Faltaba más que si vienen piezas de España, marcadas de Talavera, las decomisáramos porque acá una ley impide que lleven esa denominación. Si yo pudiese, impediría que nada de lo aquí producido se llamase Talavera, para no provocar el enojo de los españoles de ese lugar; para mí todo esto es, sencillamente, la técnica de la Mayólica ó de la Fayenza y, en este país, lo importante debería ser estimular su producción en todas partes, no ponerle restricciones absurdas.
Preocupémonos pues por hacer cosas de excelente calidad y no por cuestiones como esas, desarrollemos nuevos diseños, usemos los antiguos, abramos nuestra mente a la investigación de materiales, formemos, capacitemos en todo el territorio nacional y dejémonos de tonteras de denominaciones de origen en un producto que no es ni un buen mezcal ni un tequila, o algo que por su muy particular naturaleza sólo puede desarrollarse en una zona específica y determinada. La mayólica, ó “Talavera” como insisten en llamarla, se puede elaborar en cualquier lugar donde existan los materiales e incluso donde no existan, ya que se pueden importar, como es el caso del óxido ó carbonato de cobalto, que siempre se importó desde los tiempos de la colonia hasta nuestros días. Importante sería de mayor medida, por ejemplo, el que cuidemos a los artesanos que elaboran en el hornillo la oxidación del plomo y del estaño, expuestos a la toxicidad de sus emanaciones, pudiendo dejar esta tarea a pequeñas industrias que cuenten con medidas de seguridad pertinentes, para evitar la exposición y envenenamiento de sus trabajadores. Importante sería, entre otras cosas, regular y vigilar a este respecto. Por favor, no perdamos el tiempo en otras nimiedades.

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